[Mozambique supuso unos cuantos días sin mirar demasiado el calendario. También fue la vuelta a un África menos “occidentalizada”, con más sabor a África del oeste, cambio del inglés al portugués (que siempre suena más familiar, pan rico, menos tabúes por temas de raza que en Sudáfrica… Y supuso sobretodo encuentros con gente estupenda e increíbles playas. Pero de todo esto teníamos poca idea, por el azar es imprevisible y porque de Mozambique, como casi siempre, al llegar no sabíamos a penas casi nada.
Estas son sólo algunas de las historietas que ocurrieron en tan sólo una semanita, días 283 a 290 de viaje, del 19 al 27 de agosto 2011.
Publicamos desde Túnez, hoy día 491 de viaje, a punto de terminar nuestro periplo africano, pero con muchas cosas aún que contar y con algún rodeo previsto por Europa antes de aterrizar en Vitoria a finales de abril]
¡Por fin!!! (O por qué teníamos tantas ansias de llegar a Mozambique)
¡Llegamos a Mozambique!! Se acabaron las prisas, al menos de momento. Casi siempre, desde que salimos de España en noviembre 2010, alguna fecha o cita condicionaba nuestros movimientos.
[Breve recapitulación: Desde Marruecos hasta Camerún queríamos evitar la época de lluvias en marzo-abril, prácticamente no parábamos más de un par de días en ningún lugar (salvo enfermedad). Después, una agradable visita familiar en Gabón, en abril, también condicionó todas nuestras decisiones por un tiempo. Igualmente influyeron los visados, caros y en ocasiones complicados de obtener, y cuya caducidad solía presionar. Por ejemplo, fue por eso por lo que nuestro paso por ambos Congos fue todo lo veloz que los caminos y pasos embarrados nos permitieron. Para Angola sólo nos dieron cinco días improrrogables para atraversarla y cuando por fin llegamos a Namibia en mayo 2011, una nueva fecha, otra visita, nos volvió a obligar a tomar decisiones, obligándonos a andar con relativa prisa (y bastante frío) por Botswana, Zimbabue, Sudáfrica y Lesotho. De vuelta en Namibia para la esperada visita dos meses después, en julio, siguieron quince días planificados y sin margen para lo imprevisto, tras lo cual nos apuntamos a otros diez días de curso de meditación en Sudáfrica… ¡Fuera calendario!]
Ya sabemos que nos quejamos de gusto, aunque tampoco es una queja, sólo una constatación
El caso es que queríamos poder avanzar, al menos por unas semanas, según el ritmo que nos marcara el cuerpo, las ganas y las circunstancias, sin condicionantes de fechas concretas. Y, por si no lo hemos dicho suficientes veces: ¡queríamos calorcito veraniego!! Así que, cuando pisamos Mozambique, dijimos con muchas ganas “¡Por fin!!!!”
Llegada nocturna a Maputo
Llegamos a la capital de Mozambique, Maputo, ya de noche, con un pequeño nudo en la garganta porque en realidad no sabíamos nada de la capital ni de posibles precauciones a tomar… Pero la abundancia de tráfico y de gente suelen ser buenos indicadores, y también recibimos un mensajito de Gisela, amiga catalana de la hermana de Adela, que vivía en la capital. De la policía tampoco teníamos demasiadas referencias, pero como no habíamos comprado el seguro obligatorio mío en la frontera (mucho más barato en Maputo), preferimos hacernos los despistados y no parar cuando nos hicieron un gesto de darnos el alto… (Buena elección, según supimos después).
Después de una noche en el peor hostal en el que hemos estado en todo el viaje, el Fátima’s Backpackers, por caro y por sucio, pasamos un día tranquilo paseando por Maputo. Es una ciudad con aire de decadente capital colonial portuguesa. Grandes avenidas, bonitos edificios coloniales en mal estado, el encanto de oír a la gente local hablar portugués… todo ello animado por el buen tiempo. Por la noche quedamos con Gisela y Bryan, guatemalteco él, que además de hablarnos de su vida en el país, nos introdujeron, y empacharon, con la rica carne local a la brasa. ¡Qué festín!
Otras caras de Maputo
Gisela y Bryan, junto con algunos de sus amigos expatriados como ellos, nos enseñaron varias caras de Maputo. La más sórdida fue sin duda la visita a un orfanato. Fuimos con un antiguo voluntario, José, que había trabajado en él meses antes y que nos contó y enseñó las realidades del lugar. Un corto y triste muestrario:
- Del dinero destinado al orfanato ni siquiera la mitad llega a los niños. El resto se escurre por todas las manos que tienen acceso a él, a todos los niveles, desde la organización dueña del lugar o el director, hasta las cocineras. Estos niños son de lo más olvidado de la sociedad, y poca gente dedica tiempo a defenderles.
- El orfanato pertenece a un triste y oscuro entramado de empresas de origen danés dedicadas al desarrollo, pero que en realidad es una secta que se sirve de él cómo máscara y se aprovecha de gente que quiere ayudar (tanto donaciones como voluntarios) para enriquecer a su élite. A esta secta pertenecen las famosas tiendas de segunda mano Humana. José nos contó como entró y salió de esta organización, sus artimañas etc.
- José, Gisela, Bryan, Jesús y otros, procuran ir todos los fines de semana que pueden a hacer una visita a los niños. A veces, como a nosotros, les asalta la duda de si estas visitas realmente aportan algo a los niños o si es un gesto estéril que nos hace sentir bien a los que tenemos mejor suerte. Aquellos que trabajan con los niños nos afirmaron que prestar atención a los niños sí que ayuda. Que los niños, con tantas carencias, se sienten protagonistas y ven que alguien se preocupa un poco por ellos y les dedica su tiempo, que son alguien. Sin embargo, también nos contaron, que cuando intentan animar a otros expatriados a estas visitas, demasiado a menudo se han encontrado con respuestas, de gente supuestamente educada, del tipo que no quieren acercarse a los niños “por si les transmiten enfermedades”. Un poco al estilo de no querer dar la mano a un seropositivo, por si te lo pega. Gente del siglo XXI, de países supuestamente más desarrollados y con mucha más educación. ¡Qué vergüenza! ![]()
Anfitriones de lujo
François y Adela hablaron mucho con Gisela y Bryan. La conversación no se acababa nunca con estos cuatro ingredientes: Gisela, metida en mil saraos y dedicada y comprometida con el tema de la mujer y de su empoderamiento, transmite ganas de hacer mil cosas e invita a todo menos al conformismo; Bryan, aprendiz muy avanzado de artista y con una generosa e ingeniosa forma de ver el mundo y Adela y François, inspirados por sus diez de días de desintoxicación del espíritu y sus más de 280 días de periplo africano. Eran una mezcla explosiva para un no parar de hablar. Menos mal que yo estaba tranquilito en el parking… ![]()
Una de polis corruptos
No faltó la anécdota con los policías de turno que nos pararon supuestamente por haber hecho un giro prohibido. Insistían en que pagásemos la imaginaria y desorbitada multa antes de ir a la comisaría, lo que con mucho tacto exigíamos nosotros. Eso sí, cuando vieron que no nos la iban a colar, cambiaron su gesto serio a una sonrisa y entonces, en plan súper enrollados, nos pidieron propina para un refresco. Y Fraçois y Adela, igualmente hipócritas, con cara de ingenuos y sonrientes, les dijeron, por supuesto, que nanai.
Y otra de polis (esta vez yo no tuve nada que ver)
En Maputo sobretodo, hay que ir en todo momento documentado (las personas también). A la policía les suele gustar pillar a los extranjeros sin sus papeles encima y así negociar una cantidad compensatoria para evitar la multa y el engorro. Una noche, Gisela, Bryan, Adela y François salieron andando a tomar algo y al ver a la policía en frente que venía hacia ellos y habiendo olvidado su documentación, por si acaso, dieron media vuelta… Y la policía empezó a seguirles acelerando el paso… y mis amigos hicieron lo propio… ¡Parecían delicuentes huyendo de la policía poco discretamente! Pero bueno, menos mal que estaban cerca de su casa, pudieron ponerse a salvo y todo quedó en esta mini anécdota.
Seguimos por la ansiada costa
Nuestro escueto plan inicial en Mozambique era subir la costa e ir improvisando. Aún no habíamos leído nada sobre el país, tan sólo habíamos tomado nota de algún consejillo de algún otro viajero… Así que, siguiendo el plan, algo (poco) más concreto después de nuestro paso por Maputo, nos despedimos de nuestros nuevos amigos y ¡tiramos hacia la costa!
Nuestra primera parada fue por Xai-Xai y sus playas, en aquel momento desiertas. Breve, pero ¡mmm! saboreamos cada gota de solecito, calorcito, calma…
A veces cuesta encontrar donde dormir…
De allí seguimos recorriendo la costa hacia el norte, pasando la linda Inhambane hacia Tofu, otro bonito y conocido lugar en la costa, con buen ambiente. Pero demasiado ambiente guiri (o, como dice François, “guili”, jejeje)… Gustando del camping libre y sosegado cerca o en la playa, François y Adela decidieron investigar los alrededores por caminillos de arena, buscando un lugar menos concurrido para pasar la noche. La playa está protegida por una larga duna de arena, sobre la cual construyen más casas y hoteles, así que sólo podíamos explorar por detrás de la duna. No tuvimos suerte porque detrás no había ningún “lugar tranquilo y aislado”: Limitada del lado del mar por la duna, y por una marisma del otro, la zona, un bosque abierto de cocoteros, estaba toda diseminada de cabañillas, pueblecitos, mini campos arados y habitada por los mozambiqueños pobres que viven a la sombra del pueblo turístico. Ese día no nos apetecía un encuentro “cultural”, estábamos cansados y nuestros conocimientos de portugués aún no llegaban ni a rudimentarios.
[Aclaración viajera: Dormir en un pueblo o casa casi siempre suele implicar un rato de conversación o intento de ello, y también un probable séquito de observadores pacientes e intensos que no pierden detalle de mí y de todo movimiento que hagan mis dos amigos. Este tipo de encuentro suele ser tan interesante como cansado, y a François y Adela sólo les gusta hacerlo si tienen energía y tiempo para no despedirse con prisa al día siguiente].
… pero al final siempre se encuentra algo
Después de unas cuantas vueltas por la zona, con niños “graciosos” corriendo detrás de mí e intentando agarrarse a mi rueda de repuesto (teníais que haber visto mis intentos por esquivar a los niños en la arena…) y ya haciéndose de noche, nos dimos por vencidos y preguntamos a un par de lugareños si podíamos pasar la noche por allí. Ja, la respuesta nos dejó atónitos, porque uno de ellos dijo tajante y borrachamente “No”. ¡La primera, y ojalá última, vez que nos han denegado ayuda de manera tan cortante en todo el viaje!
En realidad, nos mandaban a los lodges elegantes de la playa, pero no era exactamente lo que buscábamos. Ya era noche cerrada, y como siempre, esperando a que nuestra suerte cambiara, seguimos un poco y acabamos durmiendo aparcados en un lodge en construcción, con la única condición de salir por la mañana temprano, antes de que alguien nos viera y les denunciara por estar aceptando huéspedes antes de tener los permisos pertinentes. Adela y François tuvieron tiempo de intentar charlar un poco con el guardián del lugar y, aprovechando el fuego que tenía hecho, prepararon la gran bolsa de langostinos frescos que se habían comprado horas antes. Yo por mi parte, pude al fin refrescar un poco mi motor después de tanta arena.
Por la mañana, después de abandonar precipitadamente el lodge ante el aviso de que llegaban inspectores, salimos en dirección Tofinho, el hermano pequeño de Tofu, para pasar un agradable día de playa, cuyo punto culminante fue otra comida con vistas excelentes sobre el agua transparente. ¡Imposible dejar de sonreir!
(Bueno, jeje, quizás haya que matizarlo: imposible dejar de sonreir “por mucho rato”
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Esto es sólo una parte…
Pero vamos, que Xai Xai y Tofu fueron tan sólo el aperitivo de lo que nos tocaba por venir: increíble hospitalidad zimbabuense en la remota Pomene y más generosidad y nuevos amigos en Vilanculos, frente a las paradisiacas islas del archipiélago de Bazaruto (donde, por cierto, por aquel entonces decían las malas lenguas, se escondía Gadafi). Prepárense para el siguiente post, porque nosotros casi no estábamos preparados para disfrutar así (una vez más)
PD: Este post va dedicado con mucho cariño a Gisela y Bryan, que entre otras muchas cosas nos mostraron estas bonitas palabras: “Hermosa encuentra la vida, quien la construye hermosa. Por eso amo en vos lo que vos amas en mí: La lucha por la construcción hermosa de nuestro planeta.” Otto René Castillo 1
PDD: Nota gastronómica importante – Mozambique gustó aún más, y a Adela en particular, cuando mis dos glotones amigos probaron sus indescriptiblemente buenísimos ANACARDOS! Cómo no paraba de decir ella: ¡Mmmmmmmmm!!!











